Presencia de compuestos orgánicos persistentes en aire doméstico de países europeos

Abstract

La calidad de vida que ha experimentado la población mundial en el último siglo ha sido posible gracias al desarrollo de nuevos productos químicos cuyas consecuencias a medio y largo plazo no se estudiaron en el momento de su fabricación. Estos productos se han utilizado para erradicar plagas de insectos (insecticidas) o para mejorar otros materiales (retardantes de llama, aislantes, lubricantes o productos dieléctricos), salvando vidas o evitando cuantiosas pérdidas materiales y económicas. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que junto a las propiedades beneficiosas que conlleva su uso, este supone también un riesgo para la salud de las personas. Entre estas sustancias se encuentran los Compuestos Orgánicos Persistentes (COP), que presentan una elevada resistencia a la degradación física, química y biológica. Dichos compuestos se caracterizan por una baja solubilidad en agua y una alta solubilidad en lípidos, acumulándose en los tejidos grasos de los organismos vivos. Estas propiedades bioacumulativas permiten su magnificación en los niveles tróficos más altos de las cadenas alimentarias, implicando con ello un importante riesgo para la salud humana. Son semivolátiles, lo que les permite moverse a grandes distancias a través de la atmósfera y distribuirse ampliamente por todo el planeta. Se condensan sobre las regiones más frías de la Tierra, incluyendo regiones donde nunca se han empleado, como por ejemplo en los polos. Además, también son transportados, en bajas concentraciones, junto a las aguas marinas y continentales.

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